Ubud aka La trampa aka Sobremesas a la española
Publicado el miércoles, 6 de mayo de 2009 por david
Pues eso que al final me tiré en Ubud 10 días. Pero no vamos a adelantar acontecimientos.
El viernes quedé con unos españoles, ¿españoles?... Pues sí. Silvia, una española me localizó gracias al gps couchsurfero, que te indica donde te conectaste por última vez, y ella había conocido a otros dos españoles, Miguel y Manolo, en un ciber en Ubud. El viernes quedamos todos para cenar, compartir viajes y me enteré que el domingo habría una gran ceremonia religiosa. El sábado volví a quedar para comer con Manolo y Miguel y por casualidad conocimos a otras dos españolas, Laura, que trabaja en Bali, y Carolina, que está dando la vuelta al mundo.
Resulta que la ceremonia religiosa era un funeral/cremación y no sólo uno sino tres tíos iban a ser incinerados. Como comentábamos era una mezcla entre procesión de Semana Santa con un toque Fallas y todo el mundo estaba de fiesta. Para la mente occidental es muy extraño que la gente salga a celebrar un funeral, sin embargo para los balineses es lo normal.
El viernes quedé con unos españoles, ¿españoles?... Pues sí. Silvia, una española me localizó gracias al gps couchsurfero, que te indica donde te conectaste por última vez, y ella había conocido a otros dos españoles, Miguel y Manolo, en un ciber en Ubud. El viernes quedamos todos para cenar, compartir viajes y me enteré que el domingo habría una gran ceremonia religiosa. El sábado volví a quedar para comer con Manolo y Miguel y por casualidad conocimos a otras dos españolas, Laura, que trabaja en Bali, y Carolina, que está dando la vuelta al mundo.
Resulta que la ceremonia religiosa era un funeral/cremación y no sólo uno sino tres tíos iban a ser incinerados. Como comentábamos era una mezcla entre procesión de Semana Santa con un toque Fallas y todo el mundo estaba de fiesta. Para la mente occidental es muy extraño que la gente salga a celebrar un funeral, sin embargo para los balineses es lo normal.
El lunes me levanté, esperé a que pasara el chaparrón con el que había amanecido, compré un par de cosas y escapé de la maravillosa trampa que es Ubud.