Jakarta aka Filth and Loath in Jakarta

Ayer por la mañana llegué a Jakarta (Yakarta para nosotros) después de casi nueve horas en tren.
Estación de Yogyakarta.
Vistas desde el tren

Llegué a la estación de Gambir y caminé hasta Jalan Jaksa, la calle de los mochileros. Había leído cosas sobre Jaksa y la mayoría son verdad. Los alojamientos son una mierda y la gente bastante “variopinta”. Mire un par de sitios y al final me quedé en una habitación/celda de 2x2 por unos 5 dólares con baño y duchas compartidos. Es un mundo comparado con los bungalows con desayuno de Bali, pero estamos en la capital y no hay nada mejor. Estaba cansado y me eché a dormir. Por el mediodía cayó un chaparrón, refrescó un poco y me fui a dar una vuelta. No es fácil ya que Jakarta tiene más de 25 km de largo y más de 600 km2 y carece de un centro. Decidí rodear la zona por donde me estoy quedando.

Jakarta huele mal, tiene un tráfico terrible y hace muchísimo calor, pero tiene su encanto y a mí me está sorprendiendo gratamente. Lo mismo te encuentras a un hombre andando con un tubo de tres metros, o casas que algunos llamarían chabolas, o puestecillos/restaurantes que se apoderan de las aceras en los que puedes comer por un euro, como que te encuentras con un centro comercial con todas las comodidades o rascacielos o cochazos. Pero es que hay una Jakarta diferente dependiendo de tu bolsillo.
Comí en un cafetería de un centro comercial y tenían la Time Out de Jakarta, una revista donde vienen las cosas que hacer en la ciudad, recomendaciones de locales y así, y tome algunas notas.

Al anochecer (que aquí empieza a eso de las cinco de la tarde), me fui para la plaza Merdeka, con el Monumento Nacional en el centro. Los jardines estaban llenos de familias y cientos de cometas ondeaban en el cielo. También había muchos jóvenes y se podía ver el contraste generacional.

Me volví a mi celda y descansé un rato, luego me duché y me fui a cenar a un restaurante al lado. Por la noche la calle Jaksa despierta y una mezcla de indonesios, guiris, putas y gentucilla llena las terrazas. Había terminado de cenar y me estaba tomando una cerveza solo y la gente de la mesa de al lado me invitaron a que me uniera a ellos. Una de las ventajas de viajar solo es que a veces das pena a los demás viajeros. Había dos escocesas y una francesa que acababan de llegar de Australia y una pareja de holandeses que llevaban ya un mes por Indonesia. Hablamos y seguimos tomando cervezas y a eso de la 1 nos fuimos para la discoteca Stadium. El Stadium es toda una institución, una discoteca de cuatro plantas donde se juntan unas cuatro mil personas los fines de semana y que no cierra, así que hay gente literalmente de jueves a lunes. La música es chumba chumba y como muchos indonesios (supongo que por la religión) no beben pero se ponen de extasis hasta las cejas. Pero además hay que tener cuidado, cuando caminas notas a gente que te toca y es que hay mucho carterista entre la multitud y a una de las escocesas le robaron la cámara.
Así estaba la pista de baile a las cinco y media de la mañana.

También de destacar que había unas señoras todas trajeadas y con una especie de identificación ofreciendo chicas… ¿serían las madames oficiales de la disco? No me atreví a preguntarlo.

Estuvimos hasta las seis y la fiesta continuaba. A la salida (ya de día) había muchísima gente y en el taxi de vuelta parecía que la gente había invadido las calles, mucha gente vestida con ropa de deporte y haciendo ejercicio.

Hoy quería ir a ver la parte antigua de la ciudad pero ha tocado descanso.

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